Conversando
con mi otro yo, ese con quien suelo platicar en el silencio, me dijo lo
siguiente:
"En
una situación de completa tranquilidad he pensado que, lo que escucho le da
cuerpo a mi alma. Sí, eso he dicho, que mi alma tiene forma de música en la
vida que conozco. El interior, sólo permite los sonidos que identifica como
míos, los otros, si acaso los tolera de mala gana. Por eso, sólo me pongo la
música que soy. No encontraré placer más libre en esta tierra, que permitirme los sonidos que me lleven a ser
aquello que siempre he sido en otros mundos, que mientras hablo, no alcanzo
siquiera a imaginar.
Lo
más valioso que ha descubierto la humanidad como especie; es la música. La
música debe de ser alguna llave para abrir algo más, ¿no crees? Todavía no he
encontrado la pieza perfecta, esa que gire la perilla, que me sostenga el vuelo
cuando me lance al precipicio, esa que tú entiendes, me haga desaparecer y
llover en la felicidad. Consciente, o inconscientemente.
He
buscado alcanzar el conjunto de notas perfectas, distribuidas en el tiempo
exacto. He hecho intentos formidables, pero todavía no se muestra la
combinación precisa que me haga desaparecer. ¿La has encontrado?, si tienes una
sugerencia me gustaría escucharla. En algún milagroso destino, pudieran
coincidir las notas y los tiempos."
Y
así terminó la prolongada plática que tuve con ese que te digo, sólo habla en
el silencio…y así te lo cuento también a ti, y te lo afirmo: esa música que
escuchas, dice más de ti, de lo que pudieras explicar con siete mil palabras.
Así
que te digo, cuando alguien te pregunte: ¿qué música te gusta? Te está preguntando,
consciente o inconscientemente: ¿quién eres?, ¿qué persona, con toda tu libertad escoges ser? Quién no te
pregunte; qué música te gusta, entonces no está interesado en saber quién eres,
aunque pregunte por tu nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario